¿Qué son las emociones?
Las emociones son estados psicológicos complejos, influidos por la experiencia personal y originados en respuesta a un acontecimiento interno o externo. Interactúan tres componentes distintos: una experiencia subjetiva, “¿qué experimentamos?”; una respuesta fisiológica, “¿qué efecto tiene en nuestro cuerpo?”; y una respuesta conductual, “¿cómo nos comportamos?”. Son respuestas a eventos que pueden influir en nuestro comportamiento, percepciones y decisiones. Las emociones están presentes en nuestras vidas desde que nacemos y juegan un papel clave en la construcción de nuestra personalidad. Las emociones cumplen una doble función, nos aportan información y nos impulsan a actuar.
Las emociones son mensajes que nuestro organismo nos manda con una intención constructiva, no nos manda mensajes para hacernos daño, sino que intenta enviarnos un mensaje que puede sernos de ayuda. Para comprender mejor la función mensajera de las emociones te presento la siguiente metáfora:
“En nuestro interior, tenemos una compañía logística en toda regla, similar a las compañías de mensajería de verdad. Tenemos un chico, el mensajero, al que se le dice claramente: “Tienes este mensaje y tienes que entregarlo; pero ojo, como veamos que no entregas los mensajes, te despedimos”. Fíjate que se le dice de una forma muy rotunda que tiene que entregar el mensaje. ¿Por qué? Porque puede estar la vida de la persona en juego. Tu organismo no sabe si tú te estás peleando con tu jefe o con un león. Lo que sucede es que te manda el miedo cuando cree que te puede ser útil o la agresividad cuando cree que es necesaria. Porque tu organismo cree que esa reacción te puede ayudar en ese momento.
En resumen, el mensajero tiene una motivación bastante alta para que nosotros recibamos ese mensaje. Y al principio viene con una sonrisa, nos trae el paquete con un envoltorio de color rojo, que te puedes imaginar lo que significa. En efecto, significa “Emoción desagradable”. Entonces, cuando uno ya ve por la ventana el paquetito con la señal roja, dice: “¡Cuántas cosas tengo que hacer en la planta de arriba, ya bajaré después!”. El hombre empieza a llamar y ahí es cuando uno pone la música un poco más alta. Es decir, como estamos muy atareados o en una situación agradable, no queremos escucharlo. ¿Qué sucede? Que no contestamos. El mensajero, que se está jugando su puesto de trabajo, al principio solamente llama. Pero si se empiezan a acumular los paquetes en la puerta y nosotros no abrimos, ¿Qué creéis que va a hacer? Exacto, aporrear la puerta. ¿Cómo se traduce esto a la situación emocional? Sube la intensidad de las emociones. Esto de las emociones intensas no es casual: las emociones suben de intensidad cuando tú no les haces caso. Pero a veces esto es sólo el principio.
Este mensajero tiene muchos recursos y si aporreando la puerta no consigue su objetivo, ¿Qué hace? Intenta tirar la puerta abajo. A lo mejor, un día, lo consigue y explota todo en el momento menos pensado y perdemos el control total de los sentimientos. Pero vosotros, si sois muy previsores, habéis puesto candados para evitar este problema, con lo cual no funciona. ¿Qué hace el mensajero? Empieza a tirar piedras a la ventana. ¿Qué crees que son en la vida real? Son pensamientos automáticos o pensamientos pegajosos, de esos que no se van fácilmente. Y si no abrimos, cosa que ya nos es mucho más difícil porque intuimos que el reencuentro con el mensajero va a ser muy áspero, empieza a usar técnicas de guerrilla (taladradoras, gases lacrimógenos, etc.). Esto son las cosas que sentimos físicamente. Ese dolor de tripa, esa contractura… ¿de dónde vienen? Pues ya lo sabes, es el mensajero”.
Este mensajero puede estar muy contento y tener una buena relación con nosotros o puede tener una relación horrible. El mensajero nunca dejara de enviarte paquetes, pero cuanto mejor sea tu relación con él más suaves serán las emociones que lleguen a tu puerta. Es importante comprender que el mensajero no te pide que hagas lo que pone en el paquete, solo te está informando de lo que estas sintiendo. La interpretación y conducta posterior depende solo de ti.
¿Cómo puedo manejar de manera saludable lo que estoy sintiendo?
Culturalmente se premia a las personas que siempre están bien o pueden afrontar cualquier problema sin sentirse sobrepasados. Esto provoca que muchas personas sientan que deben ocultar como se sienten y bloquear esas emociones desagradables, a cambio de ofrecer una apariencia estable y competente. Estaríamos ante un comportamiento desadaptativo y, por tanto, perjudicial a largo plazo.
Ante una emoción el primer paso que debemos dar es ponerle un nombre. En algunas ocasiones esta tarea puede ser sencilla, pero en otras podemos estar sintiendo varias emociones a la vez, lo que complica la tarea. Por ello, es muy importante aclarar que emociones intervienen en cada momento, aprender a comprenderlas, ponerles nombre y entender cuál es el mensaje que os quiere mandar. Solo así podremos tomar decisiones y actuar de manera emocionalmente inteligente.
Existen seis emociones básicas, clasificadas a su vez en agradables y desagradables, de las cuales también surgen otras emociones secundarias. Se considera que son básicas porque producen una reacción fisiológica muy parecida en todas las personas. Conocerlas, comprenderlas e identificarlas en nosotros y en los demás es imprescindible para que les saquemos todo el partido que nos pueden aportar.
Ante una emoción podemos reaccionar de una forma adaptativa o desadaptativa. Para poder comprender mejor esto podemos ver los siguientes ejemplos con las emociones básicas:
- Alegría/Felicidad: Esta emoción quizás es la más agradable, está asociada con el placer y las cosas que nos llenan. Nos da una gran carga de energía, con un aumento de la tasa cardíaca, un mayor ritmo respiratorio y liberación de endorfinas y dopamina. Cuando nos sentimos alegres o felices la forma adaptativa de actuar seria buscar repetir esas cosas o situaciones para volver a sentirnos bien. Sin embargo, esta emoción pasa a ser desadaptativa cuando la utilizamos para tapar otras emociones, como cuando nos obligamos a sonreír cuando nos sentimos mal o alguien está sobrepasando nuestros límites.
- Asco: Hace referencia a la sensación de aversión o evitación ante la posibilidad, real o imaginaria, de ingerir una sustancia dañina o experimentar una situación desagradable. Nuestro cuerpo responde con la aparición de diversos malestares como náuseas, escalofríos o dolor estomacal. También aparece un aumento de la frecuencia cardíaca y respiratoria, y tensión muscular. Esta emoción puede surgir ante un alimento o un olor, pero también ante algo que contradice nuestros valores o creencias. La acción más adaptativa seria evitar las situaciones concretas, sabiendo que nuestros gustos u opiniones pueden ser diferentes de la de los demás. Mientras que una acción desadaptativa seria si pretendemos que todo el mundo comparta nuestros gustos y opiniones, sin escuchar ni respetar a los demás.
- Miedo: El miedo se relaciona con la anticipación a situaciones de peligro o amenaza, y conlleva una activación muy intensa, ya que nos prepara para la lucha o para la huida de la manera más rápida posible. Tanto es así que la actividad cardíaca se dispara, la respiratoria se acelera y se tensan los músculos, produciendo una respiración superficial e irregular. Ante esta emoción la forma adaptativa de actuar sería analizar la situación y actuar en consecuencia, mientras que si no analizamos el entorno y tomamos decisiones impulsivas estaríamos actuando de una forma desadaptativa.
- Tristeza: Cuando nos sentimos tristes significa que algo nos duele y no debemos dejarlo pasar, necesitamos un momento para sanar. Esta emoción se caracteriza por un decaimiento del estado de ánimo y una reducción significativa en su nivel de actividad cognitiva y conductual. Cuando hablamos con los demás sobre lo que nos hace daño, nos permitimos llorar o estar decaídos durante el tiempo necesario estamos actuando de forma adaptativa. Por el contrario, si evitamos hablar de lo que nos duele y nos obligamos a hacer actividades que nos distraigan para bloquear esa emoción estaríamos actuando de forma desadaptativa.
- Ira: La ira es el sentimiento que emerge cuando la persona se ve sometida a situaciones que le producen frustración, cuando percibimos que somos tratados injustamente, nos sentimos heridos o cuando vemos difícil el logro de alguna meta importante. Esta emoción nos informa de que hay algo que no nos gusta, algo que no queremos tolerar y necesitamos poner un límite o restablecerlo. Ante la ira podemos actuar de forma adaptativa utilizando la asertividad para restablecer o imponer nuestros límites. Por el contrario, si los ponemos de forma agresiva, sobrepasando los límites de la otra persona sin que fuera necesario, estaríamos actuando de forma desadaptativa.
- Sorpresa: Esta emoción aparece ante algo inesperado, novedoso, raro o extraño, a la que le acompaña una sensación de incertidumbre, inseguridad y reevaluación del entorno. Normalmente seguida de esta emoción tras la evaluación de la situación suelen surgir otras emociones. Si evaluamos correctamente lo que ha pasado y respondemos de forma adecuada según nuestras emociones estaríamos actuando de una forma adaptativa. Mientras que si no evaluamos el entorno o no escuchamos a las emociones que nos produce esta nueva situación, estaremos actuando de manera desadaptativa.
En conclusión, actuar de manera sana frente a las emociones es fundamental para el bienestar integral de una persona. Actuar de manera adaptativa ante lo que sentimos ayuda a mejorar nuestra salud mental y emocional, fomenta las relaciones saludables, facilita el crecimiento personal, previene comportamientos destructivos, fortalece nuestra resiliencia y contribuye a nuestro bienestar físico.
Bibliografía
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