¿Qué es la ansiedad?
Según la quinta edición del Manual Diagnóstico y estadístico de los Trastornos Mentales (DSM 5), se define la ansiedad como una respuesta emocional caracterizada por una sensación de miedo, aprehensión o inquietud frente a una situación futura percibida como peligrosa o desconocida. Es una reacción anticipatoria que se asocia con la anticipación de una amenaza o peligro potencial, y se puede manifestar de manera fisiológica, como palpitaciones, sudoración y tensión muscular; y psicológica, como pensamientos catastrofistas e inquietud.
Es importante comprender que la ansiedad es una reacción normal que experimenta todo el mundo. Es una reacción adaptativa con el objetivo de prepararnos para la acción para preservar nuestra supervivencia. Por lo tanto, el objetivo nunca debe ser suprimirla sino aprender a controlarla.
Todos sufrimos ansiedad a lo largo de nuestra vida, pero cuando es excesiva, duradera y afecta negativamente la vida cotidiana de una persona puede ser necesaria ayuda profesional. En general, si los síntomas de ansiedad persisten durante más de seis meses y son intensos o frecuentes, es más probable que se trate de un trastorno de ansiedad. Sin embargo, la duración puede variar dependiendo de la persona y las circunstancias. Además, debe haber un impacto significativo en el bienestar emocional, social, laboral o en las actividades cotidianas para que sea considerada patológica.
Existen multitud de factores que pueden influir en la aparición de la ansiedad. Los factores clave son los siguientes:
- Factores biológicos: Los trastornos de ansiedad tienen un componente hereditario significativo. La presencia de alteraciones en la neuroquímica cerebral o neuroanatomía de estructuras como la amígdala o corteza prefrontal, pueden contribuir a la aparición de trastornos de ansiedad.
- Factores psicológicos: La forma en la que una persona responde ante situaciones potencialmente estresantes o amenazantes puede influir en la aparición de la ansiedad. Las personas con ansiedad tienen a sobreestimar el peligro o a percibir una amenaza donde no la hay. A su vez, aumenta la probabilidad de padecer ansiedad si una persona ha estado expuesta de forma temprana a un trauma, estrés crónico o situaciones de rechazo social.
- Factores ambientales: Haber estado expuesto a vivencias estresantes como estrés laboral, perdida de un ser querido, divorcios, abuso, problemas familiares, pobreza o traumas psicológicos, pueden contribuir a la aparición de trastornos de ansiedad.
La ansiedad es uno de los trastornos más prevalentes a nivel mundial, junto con la depresión. Presenta una prevalencia en la población general que varía entre el 15% y 30%, con mayor frecuencia en mujeres que hombres y suele comenzar en la infancia o adolescencia, siendo uno de los trastornos más comunes en personas jóvenes. Estas personas pueden presentar de forma comórbida otros trastornos como la depresión, trastornos del ánimo o trastornos de abuso de sustancias.
¿En qué se diferencia la ansiedad con el estrés?
La ansiedad y el estrés son dos conceptos interrelacionados, pero no son sinónimos. Al igual que la ansiedad, el estrés es una respuesta del cuerpo a situaciones que percibe como desafiantes o amenazantes, que puede desencadenar respuestas tanto fisiológicas como emocionales.
A pesar de que su definición es semejante y en ocasiones el estrés termina derivando en ansiedad, encontramos diferencias importantes. Podemos encontrar diferencias en cuanto a su causa. El estrés es una respuesta ante una demanda externa y se relaciona principalmente con factores externos. Mientras que la ansiedad es una sensación de preocupación, miedo o aprensión, que puede ocurrir sin una amenaza o situación externa concreta. En muchas ocasiones la ansiedad surge ante la anticipación que hacemos de eventos futuros o preocupaciones internas.
Respecto a la duración, el estrés suele ser temporal y enfocado a una situación concreta, cuando esta finaliza el estrés también lo hace. La ansiedad suele ser más persistente, llegando a producir malestar de forma constante incluso cuando la causa no está clara o a dejado de estar presente.
A nivel fisiológico, nuestro cuerpo va a responder de forma diferente. Ante el estrés se activarán respuestas de “lucha o huida”, que generan el aumento del ritmo cardíaco, tensión muscular, sudoración y agitación. Mientras que, en la ansiedad, además de estos síntomas, a menudo pueden aparecer sensaciones de temor o inquietud anticipatoria.
A nivel emocional, el estrés nos genera sensaciones de estar abrumado por la cantidad de tareas o problemas que debo revolver, haciendo que las personas se sientan presionadas o sobrepasadas por las circunstancias. Mientras que la ansiedad esta más vinculada con el temor a lo desconocido o a situaciones futuras.
Por último, a diferencia que la ansiedad, el estrés puede tener un impacto positivo motivando a las personas a completar tareas y enfrentar desafíos. Por otro lado, el impacto de la ansiedad sobre las personas suele ser negativo, ya que interfiere en sus actividades cotidianas y genera una sensación contante de incomodidad, aprensión y temor.
En conclusión, el estrés generalmente surge como respuesta a presiones externas y puede ser transitorio, relacionado con situaciones concretas. En cambio, la ansiedad tiene un origen más interno, a menudo sin una causa definida, y tiende a ser más duradera. Ambos pueden influir negativamente en el bienestar, pero la ansiedad suele estar más vinculada con preocupaciones a largo plazo.
¿Cómo afecta la ansiedad a mi bienestar emocional y mental?
Ante la ansiedad pueden aparecer pensamientos negativos o catastróficos, como “no voy a poder soportarlo”, “esto es horrible”, “me va a dar un infarto” o “estoy enloqueciendo”. Estos pensamientos son automáticos, irracionales y poco realistas. A pesar de ser automáticos, podemos aprender a controlarlos y así lograr disminuir nuestra ansiedad.
A largo plazo, estos pensamientos no solo generan sentimientos de inseguridad y temor, también afectan negativamente a la autoestima. En consecuencia, pueden aparecer sentimientos de insuficiencia, una autocrítica excesiva, miedo a ser juzgado o rechazado, miedo a fracasar, sensación de pérdida de control y desesperanza.
A su vez, cuando una persona experimenta ansiedad es frecuente que evite situaciones, lugares o actividades que puedan desencadenar esta sensación de malestar. Aunque estas conductas de evitación proporcionan un alivio temporal a largo plazo, empeoran el problema. Esto ocurre porque la ansiedad se asocia cada vez más con aquello que se evita y así se hace más difícil afrontarlo. La ansiedad puede llevar a las personas a sentir la necesidad de realizar ciertos actos de manera repetitiva, como comprobar constantemente si las puertas están cerradas con llave, el horno apagado o incluso limpiar la casa en exceso. También pueden surgir comportamientos como hablar rápido o mezclar palabras. Ser consciente de estos actos puede aumentar aún más la sensación de ansiedad.
Por último, la ansiedad puede afectar en menor o mayor medida a la vida social de las personas. La continua preocupación por lo que los demás piensan, puede llevarlos a evitar reuniones, celebraciones o interacciones con otras personas. En consecuencia, el miedo al juicio o rechazo genera dificultades para iniciar o mantener conversaciones, aumentando a su vez las sensaciones de inseguridad y ansiedad.
Bibliografía
American Psychological Association (2019). Stress: The different kinds of stress. Recuperado de: https://www.apa.org
Asociación Americana de Psiquiatría (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5a ed.). Arlington, VA: American Psychiatric Publishing.
García-Herrera, J.M. y Nogueras, E. V. (2013). Guía de autoayuda para la depresión y los trastornos de ansiedad. Servicio Andaluz de Salud.
World Health Organization (2017). Depression and Other Common Mental Disorders: Global Health Estimates. Geneva: World Health Organization.