¿Qué es el duelo?
El duelo es una respuesta natural y esperada que atraviesa una persona después de una perdida significativa, como el fallecimiento de un ser querido, una ruptura, la pérdida de un empleo, un cambio importante en la vida o incluso la pérdida de una idea o expectativa. La intensidad del duelo no depende de la naturaleza del objeto perdido, sino del valor que la persona le atribuye.
Es un proceso que generalmente disminuye en intensidad con el tiempo y no se considera patológico por sí mismo. Cada persona vive el duelo de manera distinta: puede durar semanas, meses o incluso años, y no necesariamente se pasa por todas las etapas ni en el mismo orden, pero la mayoría de las personas logran adaptarse a la perdida con el tiempo.
El duelo implica una serie de reacciones emocionales, cognitivas, conductuales y físicas, que varían según factores culturales, personales y contextuales. Dentro de las manifestaciones más comunes se encuentran las siguientes:
- Reacciones emociones: tristeza, angustia, apatía, enfado, ira, culpa, soledad, abandono, impotencia, insensibilidad, extrañeza con respecto a sí mismo o ante el mundo habitual.
- Sensaciones físicas: vacío en el estómago, boca seca o ambos, opresión en tórax/garganta, falta de aire, palpitaciones o ambas, hipersensibilidad al ruido, sentido de despersonalización, falta de energía/debilidad.
- Cogniciones: incredulidad, confusión, preocupación, rumiaciones, pensamientos e imágenes recurrentes, sentido de presencia, alucinaciones visuales, auditivas o ambas, dificultades de atención, concentración y memoria, distorsiones cognitivas.
- Conductas: alteraciones del sueño y, o la alimentación, conducta distraída, aislamiento social, llorar y, o suspirar, llevar o atesorar objetos, visitar lugares que frecuentaba el fallecido, llamar y, o hablar del difunto o con él, hiper o hipo actividad, evitar recordatorios del fallecido.
No debemos entender el duelo como un estado estático e inmóvil, sino por un proceso que se compone de diversas fases. La situación y los síntomas de una persona que atraviesa un proceso de duelo cambian a lo largo del mismo. Se trata de un proceso en el que la persona está activamente implicada donde su objetivo final es ser capaz de reconstruir su mundo sin el objetivo perdido. Este proceso integra cuatro elementos fundamentales:
- Construir un mundo sin el objeto perdido.
- Dar sentido a los sentimientos asociados a la pérdida e integrarlos en la propia historia bibliográfica.
- Encontrar la forma de llevar a cabo las tareas que implicaban o dependían del objeto perdido.
- Ser capaz de experimentar afectos semejantes a los que anteriormente se orientaban al objeto perdido hacia otros objetos. No implica olvidar o dejar de tener afectos positivos por el objeto perdido, se trata de ser capaces de construir un nuevo mundo capaz de albergar otros objetos dignos de ser amados.
¿Cuáles son las etapas del duelo?
Según la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross el duelo se compone de cinco etapas:
- Negación: Se compone de la primera reacción emocional ante una pérdida o noticia impactante. El dolor es tan abrumador que la persona se resiste a aceptar la realidad de la perdida. Puede haber una sensación de desconexión, confusión o entumecimiento emocional. Esta etapa inicial protege al individuo del shock emocional, dándole tiempo para empezar a procesar la situación a un ritmo tolerable.
- Ira: Una vez que la realidad comienza a asentarse, la negación pierde fuerza y aparece la frustración. Esta frustración puede transformarse en enojo, que puede estar dirigido hacia uno mismo, otros, la persona fallecida o factores externos que la persona considera causantes de la perdida. Junto con la ira pueden aparecer conductas impulsivas, irritabilidad, hostilidad, resentimiento y reproches. Esta etapa permite a la persona liberar la energía emocional que ha estado reteniendo tras la noticia. Aunque pueda parecer una reacción negativa es necesaria y beneficiosa. Cuando podemos enfadarnos y culpar a otros estamos siendo capaces de enfrentar la realidad que nos rodea.
- Negociación o pacto: En esta fase la persona busca alternativas para revertir, retrasar o suavizar la pérdida. En este punto la persona está dispuesta a hacer “tratos” con Dios, el destino o sí mismo a cambio de cambiar el resultado (“prometo que si mejora no volveré a hacerlo”; “Si tan solo hubiera hecho…”; “Déjame cambiarme por ella/él”). Una perdida es capaz de descolocar la vida completa de una persona, por lo que deseara volver a sentir que controla su vida, aunque sea gracias a ideas irracionales. Esta etapa marca el comienzo de la aceptación parcial: se reconoce la pérdida, pero aún se desea revertirla.
- Depresión: Tras el enfado y la negociación la persona comprende que no hay forma de revertir la perdida y como resultado aparece una tristeza profunda. Puede aparecer llanto, sentimientos de vacío, desesperanza, desmotivación. aislamiento, insomnio o exceso de sueño, y pérdida de apetito. Durante esta etapa la persona se enfrenta de lleno con la perdida.
- Aceptación: Tras enfrentar la perdida aparece una etapa de aceptación de la nueva realidad, aunque siga habiendo tristeza. Se produce una disminución del sufrimiento emocional intenso, aunque no significa que desaparezca el dolor. La persona reconstruye su vida incorporando su perdida y aprendiendo a vivir con el dolor de esta. Esta etapa es el paso final para avanzar y abrir puertas a nuevos vínculos y propósitos.
Cada persona vive el duelo de una manera distinta y no necesariamente pasa por todas estas etapas ni en el mismo orden. Al final el duelo es un fenómeno individual y único.
¿Cuándo debería buscar ayuda profesional?
Como hemos visto anteriormente, el duelo es una respuesta adaptativa ante la pérdida de una persona, objeto o evento significativo, caracterizada por el sufrimiento y la aflicción. No obstante, en algunos casos el proceso de duelo puede volverse prolongado e incapacitante llegando a requerir de un apoyo profesional para resolverse.
El Trastorno por Duelo Prolongado se caracteriza por una respuesta persistente e intensa de duelo que interfiere significativamente con el funcionamiento del individuo, más allá del tiempo considerado culturalmente apropiado para el duelo. A diferencia del duelo normal, este trastorno refleja una incapacidad prolongada para aceptar la pérdida y para reanudar una vida funcional. Se considera que un proceso de duelo no es adaptativo cuando los síntomas persisten por más de 12 meses en adultos y 6 meses en niños.
Además de los síntomas principales de anhelo o añoranza intensa por la persona fallecida y/o una preocupación persistente por el fallecido o por las circunstancias de la muerte, pueden aparecer los siguientes síntomas adicionales:
- Dolor emocional intenso (ej. tristeza, culpa, ira).
- Dificultad para aceptar la muerte.
- Evitación de recordatorios de la pérdida.
- Deseo de morir para estar con el fallecido.
- Sentimiento de que la vida no tiene sentido sin la persona perdida.
- Aislamiento social o pérdida de interés por las actividades.
- Dificultades en la identidad (sentir que una parte de uno mismo se ha ido junto con la persona fallecida).
En estos casos el apoyo profesional es fundamental. Existe gran variedad de tratamientos para el duelo complicado como: terapia focalizada en el duelo prolongado, terapia cognitivo-conductual, terapia interpersonal, terapia de aceptación y compromiso, técnicas de mindfulness y regulación emocional o terapias grupales. En algunos casos ante la presencia de síntomas depresivos severos, ideas suicidas persistentes o comorbilidad con otros trastornos como trastornos de ansiedad, depresión mayor o abuso de sustancias; es necesaria la administración de psicofármacos.
Independientemente del tipo de intervención psicológica, en el tratamiento del duelo prologado se persiguen los siguientes objetivos:
- Facilitar la aceptación de la realidad de la pérdida.
- Facilitar la expresión y el manejo de los sentimientos ligados a ella.
- Facilitar la resolución de los problemas prácticos relacionados por la falta de aquello perdido.
- Facilitar una despedida y la posibilidad de volver a encontrar sentido y satisfacción en la vida.
Bibliografía
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